2AgosNebuta Matsuri
En Aomori, carrozas-farol de guerreros de cinco metros avanzan al son de los taiko y los gritos de los haneto.
Cuatro calendarios conviven de Pekín a Seúl: el gregoriano, el lunisolar chino, los 24 términos solares y el hegiriano de Singapur. Esto es dónde caen este año, en China, Japón, Corea, Taiwán, Hong Kong, Macao y Singapur.
Las próximas fechas, caigan donde caigan en la región.
2AgosEn Aomori, carrozas-farol de guerreros de cinco metros avanzan al son de los taiko y los gritos de los haneto.
La independencia de 1965 revivida cada año en un desfile milimétrico sobre la bahía.
En Tokushima, cien mil bailarines durante cuatro noches: «locos los que bailan, locos los que miran, mejor bailar».
Los muertos vuelven tres días a la casa familiar; se les guía con faroles y se baila el bon odori en la plaza.
15AgosEl 15 de agosto de 1945 acabó con treinta y cinco años de colonización japonesa; único festivo común a las dos Coreas.
Filtra por territorio o por tipo de fiesta. Las fechas lunares y solares se recalculan para el año mostrado, nunca se copian de un año a otro.
En 1919 dos millones de coreanos se manifestaron pacíficamente contra la ocupación japonesa: el acto fundacional del nacionalismo moderno.
La fiesta de las niñas: muñecas de la corte Heian en siete gradas rojas, que se guardan esa misma noche so pena de tardar en casarse.
Un mes después de San Valentín, los hombres devuelven el gesto: invento de un confitero de Fukuoka en 1978.
El dragón de la lluvia despierta y empieza la siembra; por fin se corta el pelo, prohibido desde el Año Nuevo.
El fin del Ramadán para la comunidad malaya de Singapur: casas abiertas, kuih a decenas y Geylang Serai iluminado.
El equinoccio de primavera es festivo: también es ohigan, la semana de limpiar las tumbas familiares.
El frente de los cerezos sube el archipiélago de sur a norte durante siete semanas; se merienda bajo las ramas sobre lonas azules.
La fiesta de la limpieza de tumbas: se asean las sepulturas, se quema papel moneda y luego se merienda al aire libre.
Doce carrozas del siglo XVII y sus autómatas de madera recorren una ciudad de montaña detenida en la era Edo.
El 14 de abril, quienes no recibieron nada ni en San Valentín ni en White Day comen fideos negros, en grupo.
Cuatro festivos en ocho días: el país entero se va de vacaciones a la vez, y los precios lo notan.
La segunda «semana dorada» china: cinco días festivos y sitios turísticos saturados de punta a punta del país.
Carpas de tela ondean sobre las casas, una por hijo, porque la carpa remonta las cascadas.
Un festivo dedicado por completo a los niños; parques de atracciones llenos y regalos obligatorios.
Se prende un clavel rojo en la solapa de los padres: Corea fusionó el Día de la Madre y el del Padre en uno solo.
Nueve días y 300 kilómetros a pie tras el palanquín de la diosa del mar: una de las mayores procesiones religiosas del mundo.
Quinientos figurantes con traje Heian cruzan Kioto al paso: la más antigua de las tres grandes fiestas de la ciudad.
Asakusa en trance: cien altares portátiles, dos millones de personas y los tatuajes yakuza a la vista una vez al año.
En 1980 una ciudad resistió diez días al ejército; la represión fundó la memoria democrática surcoreana.
Se baña la estatua del Buda niño con agua perfumada; festivo en Hong Kong desde 1999.
Una isla entera se hace vegetariana tres días y luego los escaladores trepan una torre de 14 metros cubierta de bollos.
Decenas de miles de faroles de papel de arroz cruzan los templos y las avenidas de Seúl.
A las 10 de la mañana una sirena cubre el país entero y todos se detienen un minuto por los caídos de la guerra de Corea.
Carreras de canoas con cabeza de dragón y zongzi de arroz glutinoso, en memoria de un poeta ahogado hace veintitrés siglos.
Mitad de la primavera agrícola: lavado del pelo con agua de lirio, columpios gigantes y lucha ssireum sobre arena.
El 1 de julio de 1997 Hong Kong volvió a la soberanía china: ceremonia oficial por la mañana, historia política el resto del día.
Un mes entero de ritos en Kioto, dos procesiones de carrozas de veinticinco toneladas y un origen: conjurar una epidemia de 869.
La versión japonesa de Qixi: se cuelgan deseos de papel en bambú, y Sendai lo convierte en agosto en un festival millonario.
Cientos de hanabi taikai todo el verano, en yukata, con el río como escenario y el puesto de yakisoba como entreacto.
Inventado en 1998 para vender cosméticos de barro, hoy el festival con más asistencia extranjera de Corea.
El único festivo del mundo dedicado al mar, y el arranque oficioso de la temporada de playa.
Osaka celebra a su dios de las letras sobre el agua: cien barcos iluminados remontan el río bajo cinco mil fuegos artificiales.
En Aomori, carrozas-farol de guerreros de cinco metros avanzan al son de los taiko y los gritos de los haneto.
La independencia de 1965 revivida cada año en un desfile milimétrico sobre la bahía.
En Tokushima, cien mil bailarines durante cuatro noches: «locos los que bailan, locos los que miran, mejor bailar».
Los muertos vuelven tres días a la casa familiar; se les guía con faroles y se baila el bon odori en la plaza.
El 15 de agosto de 1945 acabó con treinta y cinco años de colonización japonesa; único festivo común a las dos Coreas.
El San Valentín chino: la Tejedora y el Pastor, separados por la Vía Láctea, se reencuentran una noche al año sobre un puente de urracas.
La versión coreana de Qixi, en plena estación de lluvias: la lluvia de ese día son las lágrimas de los amantes reunidos.
El mes en que se abren las puertas del inframundo: ofrendas de comida en las aceras y ópera ante primeras filas vacías.
Un festivo para los mayores en el país más envejecido del mundo; los ayuntamientos publican el número de centenarios.
El equinoccio de otoño, segundo ohigan del año: visita a las tumbas y ohagi cubiertos de pasta de judía roja.
La segunda fiesta del calendario chino: pasteles de luna, reuniones familiares y la luna llena más redonda del año.
La contemplación de la luna de otoño, con dango apilados en pirámide y un conejo majando mochi en los cráteres.
La acción de gracias coreana: vuelta al pueblo, ritos jesa ante el altar ancestral y songpyeon plegados en familia la víspera.
Diez días de talchum, la sátira enmascarada donde el campesino se burla del noble; en la UNESCO desde 2022.
La «semana dorada» de octubre: siete días festivos, 800 millones de viajes y Tiananmen cubierta de flores.
La «caza de arces»: esta vez el frente de hojas rojas baja de norte a sur, y los templos abren de noche.
Faroles flotantes cubren el río Nam, en recuerdo de los que sirvieron de señales durante el asedio de 1592.
«El día en que se abrió el cielo»: la fundación mítica de Gojoseon por Dangun, en 2333 a. C.
El único festivo del mundo dedicado a un alfabeto, el que el rey Sejong publicó en 1446 para que el pueblo supiera escribir.
La fiesta nacional de la República de China, que conmemora el levantamiento de Wuchang de 1911.
Heredado de la apertura de los Juegos de Tokio 1964: cada escuela celebra su undōkai, carrera de relevos incluida.
La fiesta hindú de las luces ilumina Little India durante un mes; la fecha exacta sigue el calendario lunisolar indio.
El doble nueve: subir a las alturas, beber vino de crisantemo y visitar a los mayores.
Doce siglos de historia de Kioto desfilan en traje de época, del más reciente al más antiguo, a lo largo de dos kilómetros.
La gran elaboración colectiva del kimchi de invierno, cientos de coles por familia, patrimonio inmaterial de la UNESCO.
Día de la Cultura: museos gratuitos, entrega de la Orden de la Cultura y aniversario de la Constitución de 1946.
Nacida como una broma de estudiantes de Nankín, hoy el mayor día de compras del planeta.
El 11/11 parece cuatro palitos alineados: Corea se regala barritas de chocolate por millones de cajas.
Niños de siete, cinco y tres años en kimono en el santuario, con el caramelo chitose-ame largo como un brazo.
El día del examen de acceso a la universidad la Bolsa abre más tarde y los aviones se quedan en tierra durante la prueba de escucha.
El Año Nuevo japonés, en calendario gregoriano desde 1873: primera visita al santuario, osechi en cajas lacadas y tarjetas de felicitación.
Una ciudad entera tallada en el hielo del río Songhua e iluminada desde dentro, a −25 °C.
El día en que los jóvenes de veinte años se hacen adultos en público: furisode, hakama y discurso municipal.
Las gachas de ocho tesoros que abren oficialmente la cuenta atrás del Año Nuevo lunar, un mes antes de la cena de reunión.
La víspera de la primavera del calendario solar: se lanzan granos de soja a los demonios al grito de «oni wa soto».
Dos millones de visitantes para esculturas de nieve del tamaño de un edificio, en el parque Ōdōri.
Se despide al dios del Hogar con dulces pegajosos y se limpia la casa de arriba abajo: empieza la semana de preparativos.
La fecha legendaria de la entronización del primer emperador Jinmu, en 660 a. C.
En Japón y Corea son las mujeres quienes regalan el chocolate: giri-choco en la oficina, honmei-choco para quien se ama.
La cena de reencuentro, la mayor migración humana anual del mundo, y la vigilia en la que nadie se acuesta antes de medianoche.
El Año Nuevo lunar: una semana festiva, sobres rojos, rojo por todas partes y un animal del zodiaco que releva la guardia.
El rito monetario más codificado de Asia: quién da a quién, cuánto y por qué el número 4 está prohibido.
El Año Nuevo coreano: se saluda a los mayores hasta el suelo, se come tteokguk que suma un año y se juega al yunnori.
Día en memoria de la represión de 1947, silenciada durante décadas y festiva desde 1997.
Quince días después del Año Nuevo, la primera luna llena cierra las fiestas: faroles, adivinanzas y bolitas de arroz glutinoso.
Miles de faroles de papel con un deseo se elevan sobre un valle ferroviario del norte de Taiwán.
La primera luna llena: se cascan nueces para romper las desgracias del año y se queman montones de paja en los campos.
El mayor desfile callejero del Sudeste Asiático, nacido de una prohibición de petardos: carrozas, leones y todas las comunidades.
El 20 de diciembre de 1999 el último enclave europeo de Asia cambió de manos tras 442 años portugueses.
La noche más larga se come: tangyuan en el sur, empanadillas en el norte, y el yang vuelve a subir.
En el solsticio se come patjuk, unas gachas de judía roja cuyo color expulsa a los malos espíritus de la casa.
Ni festivo ni religioso: es una noche de pareja, con pollo frito reservado con semanas de antelación y tarta de fresa.
Nochevieja: fideos de trigo sarraceno toshikoshi, limpieza a fondo y 108 campanadas por las 108 pasiones humanas.
En la península de Oga, demonios de paja entran en las casas en Nochevieja para aterrorizar a los niños perezosos.
Antes de las fiestas está el reparto del cielo. Los 24 jieqi dividen el año solar en quincenas que rigen la siembra, la cosecha y la mitad de las fiestas de esta página: Qingming y Dongzhi son dos de ellas.
2026
Cada término solar japonés se subdivide en tres microestaciones de cinco días, nombradas por lo que ocurre fuera: «la niebla se demora», «las lombrices salen», «el faisán grita». Setenta y dos ventanas para un solo año.
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